La planta baja se gesta pensando en la zona que se prevé será la más utilizada: la cocina, que se concibe como un gran espacio de encuentro, para compartir en familia y desde el que se sale al porche invadido por media piscina. Se incluye además un sistema de nado contracorriente para aprovecharla como parte del entrenamiento, además de la instalación de agua caliente desde los paneles solares para poder usarla todo el año.
La vegetación también juega un papel importante en el proyecto. Dos cubiertas ecológicas vinculadas con sendos dormitorios que se presentan como alfombras verdes a los pies de la cama, un gran talud cubierto por especies aromáticas y culinarias como telón de fondo del jardín Sur o la plantación de árboles de gran porte para compensar las emisiones de CO2 generadas en el proceso constructivo.
El color elegido para la mayor parte de la envolvente es el gris claro, con lo que se pretende evitar el recalentamiento por radiación solar y aportar un tono neutro y poco llamativo desde la calle. Esta decisión enfatiza los colores vivos de los patios: verde y amarillo, que sólo se descubren cuando ya se ha entrado en el recorrido de acceso a la vivienda. El contraste cromático potencia la importancia de estos espacios de transición entre vivienda y jardín, a la vez que los define como lugares más domésticos e independientes del resto de la fachada. Ambos patios están ubicados de tal manera que es imposible verlos a la vez salvo si se está en la cocina que, no por casualidad, es la estancia con más actividad de la vivienda.